
En estos días tan extraños de pandemia en los que estamos viviendo, en los cuales la muerte viene siendo un penoso dato estadístico de los informativos; nos enfrentamos hace dos días, a su presencia cara a cara. Leímos la noticia que había muerto el querido Dr. Gastón Boero.
Es difícil hablar de Gastón, el amigo, el colega, el coterráneo; con quien, pese a la diferencia de edad que teníamos, supimos compartir tantas actividades científicas y sociales y tantas luchas por derechos.
Gastón fue ginecoobstetra, y luego de años de práctica clínica, comenzó a interesarse y formarse en el campo de la Sexualidad Humana. Fue uno de los pioneros en nuestro país, y consiguió destacarse a nivel internacional, siendo uno de los grandes referentes latinoamericanos en la materia.
Luchó junto a otros compañeros para lograr la consideración y el respeto por los derechos sexuales de toda la población, desde diferentes lugares sociales y educativos, en todas las épocas, desde los años 70 en adelante.
Llevó a que se hablara de Sexualidad en los hogares uruguayos, presentando entretenidísimos programas radiales y de televisión sobre la temática. A algunos de ellos concurrimos invitados varios integrantes de nuestra sociedad. Publicó también libros de alcance popular, muy exitosos.
Luchó también por incluir los estudios sobre sexualidad en la Facultad de Medicina, integrando el grupo de la Sociedad Uruguaya de Medicina Sexual, quienes conseguimos con el apoyo de las Cátedras involucradas, que saliera adelante la Diplomatura de Medicina Sexual, la que ya logró su primera generación de graduados.
Creo que nada de todo lo dicho anteriormente, da una mínima aproximación, de la persona especialísima que fue el viejo Gastón. (El quería ser llamado así, porque decía que ser viejo es un orgullo y no hay por qué nombrarlo con eufemismos).
La sociedad uruguaya toda, la medicina en particular, y las mujeres específicamente; estaremos siempre en deuda con él por sus contribuciones a hacer de éste, un país menos amordazado, menos prejuicioso, más tolerante pero sobretodo, más sano.
Que haya paz en su descanso.
Por SUGIA, Presidente Dra. Mónica Lijtenstein